A cuarenta años del último concierto de Elvis Presley

Elvis Presley tenía un sueño recurrente todas las noches, con variaciones de la pesadilla que lo perseguían desde que el éxito llamara inesperadamente a su puerta por primera vez.

Se había quedado sin dinero, los fans le habían abandonado, Tom Parker, su mánager, no estaba, se había quedado solo. El Rey tenía esa sombra rondando su cabeza cuando actuó por última vez en el Marquet Square Arena de Indianápolis, el 26 de junio de 1977, hace cuarenta años.

Apenas dos meses después, el 16 de agosto, sería encontrado muerto a los 42 años en el baño de su casa en Graceland a causa de un infarto.

Sus últimos discos no habían sido bien recibidos. Sin embargo, el día día de su último concierto se agotaron las entradas en apenas dos horas: asistieron más de 18.000 personas.

Elvis Presley, a esa altura, parecía una caricatura de su propia creación, se vestía con un mono blanco con un cuello alto y acusaba cierto cansancio físico y un exceso de peso por el abuso de pastillas.

Era un dios del rock en decadencia, aunque cuando salió al escenario la llama se volvió a encender. La conexión con esa voz gospel y ese sentimiento devocional con sus fans seguía intacto.

Nadie de su equipo pudo imaginar que ese sería su último concierto. “No hubo nada inusual sobre el show de esa noche, más que por alguna razón Elvis presentó prácticamente a todas las personas que lo rodeaban en ese momento”, comentó un asistente.

Sin embargo, ese gesto estaba relacionado a que sus dos guardaespaldas, Sonny y Red West, despedidos por el cantante un año antes, estaban a punto de publicar la biografía Elvis: What Happened?, un libro que hablaba del uso de drogas de Elvis.

Esa noche en Indianápolis, Elvis Presley hizo un repaso, como hacía desde los últimos años, sobre los discos que le dieron el éxito que lo colocó como el mayor vendedor del país, interpretando temas como “Jailhouse Rock”, “Blue Suede Shoes”, “All Shook Up”, “My Way” y “Always in my mind”.

Sin embargo, Elvis volvió a sorprender con su versión al piano de “Unchained Melody”. Ya no era el ídolo rockero, que movía las caderas y que hizo temblar a la generación de Bob Dylan.

Era un Elvis, que en el ocaso solitario de su vida, buscaba la redención a través de canciones sentimentales que combinaban el country, el soul y el góspel, acompañados por un big bang de metales, cuerdas, coros y el canto paradigmático de ese hombre, criado en East Tupelo y que se hizo músico en Memphis después de viajar para grabar una canción para regalarle a su madre. Ese día que cambió la historia del rock’n roll.

(Fuente: GDA/La Nación de Argentina)