La música es una herramienta de inclusión

El tenor se presentará el 1 de julio en el Estadio Nacional en un concierto junto a 400 niños de Sinfonía por el Perú

Agosto de 1996. Festival Rossini de Ópera en Pesaro, Italia: Juan Diego Flórez se prepara para un pequeño rol en la ópera “Ricciardo y Zoraide”, cuando le ofrecen sustituir al tenor principal de la ópera “Matilde di Shabran”, que ha caído súbitamente enfermo. Acepta el reto y ofrece una actuación que supera todas las expectativas. Gracias a ese debut, en diciembre del mismo año, el célebre director de orquesta Riccardo Muti lo invita a inaugurar la temporada de ópera en el mítico escenario de La Scala de Milán. Tiene 23 años. Sin poder creerlo todavía, Juan Diego comienza una carrera musical brillante.

Han pasado 20 años de ese estreno. Como él mismo afirmó alguna vez, tuvo la suerte de estar en el lugar indicado en el momento preciso. Pero no fue solo una cuestión de suerte: años de estudio, un registro vocal privilegiado y una técnica impecable respaldaron ese riesgo. Si a esto sumamos su natural carisma, la fórmula resulta ganadora.

El portal británico de música clásica SinfiniMusic.com lo incluye en la lista de los 10 mejores tenores de la historia junto con Plácido Domingo y Luciano Pavarotti. Otros dicen que es un fenómeno operístico, una megaestrella, y comparan su voz con la de Alfredo Kraus, otro de los más grandes tenores ligeros del mundo. Juan Diego Flórez ha dado un vuelco a la escena de la ópera mundial. Tiene agenda programada hasta el 2021 en los mejores teatros del mundo y las audiencias lo ovacionan de pie.

Quizás la impronta criolla heredada de sus padres –es hijo del cantante criollo Rubén Flórez, reconocido  intérprete de Chabuca Granda– influye en esa naturalidad y frescura que caracterizan sus presentaciones y que lo distinguen del resto de intérpretes. Hasta los 17 años, Juan Diego no solo no tuvo contacto con la música clásica, sino que ni pensaba ser una figura del bel canto. La revelación surge cuando inició sus estudios de música en el Conservatorio Nacional y se afianzó durante su estancia como becario en el Instituto Curtis de Filadelfia.

Aunque reconoce que el destino lo colocó en las ligas mayores sin pasar por las menores, mantenerse entre los mejores ha sido fruto de su férrea disciplina. Juan Diego ha pagado ampliamente su derecho de piso. Ahora elige libremente su repertorio y cierra sus conciertos guitarra en mano cantando temas peruanos y latinoamericanos con los que cautiva a su audiencia.

En el 2011, un Juan Diego agradecido con la vida y sus circunstancias y consciente de sus privilegios  fundó Sinfonía por el Perú, un programa musical de inmensa acogida que hoy da cabida a 6 mil niños peruanos de escasos recursos. La música como aprendizaje de convivencia, pero sobre todo como medio eficaz y visible de inclusión. Veinte núcleos o escuelas en diversos puntos del país se encargan de la formación musical de estos niños. Su proyección al 2020 es alcanzar los 20.000 niños inscritos en el programa.

—¿Crees que la música sana?
Claro que sí. La pobreza material te margina y limita tus posibilidades. Te aísla, sientes que no formas parte del mundo. La música abre puertas. Cuando dejas de estar excluido para formar parte de un equipo, de un grupo, dejas de sentir el desamparo o el abandono. Entonces sí, la música es una herramienta de inclusión valiosísima y en esa medida sana el alma.

—Cuando piensas en el Perú, ¿qué es lo primero que viene a tu mente?
La calidez de la familia, los recuerdos de infancia y el barrio, la música criolla. Eso es lo primero que aparece: alegría antes que tristeza. Y fíjate que pasé mi adolescencia en tiempos muy difíciles para el país.

—¿Cambia algo en tu voz cuando cantas música peruana?
Yo diría que sí. Cantar temas peruanos toca una fibra única relacionada con quien es uno, con la identidad, el origen y la procedencia. Eso es irrepetible. Es difícil de describir, pero sucede naturalmente, una mayor emoción, un sentimiento que vibra distinto. Lo siento yo y estoy seguro de que lo siente el público.

—¿Qué temas has elegido para el concierto del 1 de julio?
Estamos definiendo el programa todavía, pero es seguro que cantaré “La flor de la canela”, “José Antonio”, “Cuando llora mi guitarra” y otros valses, marineras y huainos sin duda.

MÚSICA QUE ADORNA LAS VOCES

Bajo la dirección del guitarrista Carlos Ayala, el sexteto integrado por Leonardo ‘Gigio’ Parodi (percusión), Freddy Gómez y Checho Cuadros (charango y vientos), Felipe Pumarada (bajo), Juan Alberto Córdoba (piano) y César Lescano (batería) viene ensayando la música de este concierto extraordinario en el que participará además un gran elenco de danza.

En la segunda parte del espectáculo, los miembros de la Orquesta y el Coro de Sinfonía por el Perú unirán su talento a la magnífica voz de Juan Diego Flórez.